La ciudad se despereza mientras recorro
sus venas abiertas,
va volviendo a la vida sin hacer mucho ruido,
los viejos pasean y se sientan en los bancos,
las palomas revolotean a su alrededor,
un cielo gris esconde su tesoro
y mis pasos pesados sostienen el ritmo,
tu ritmo.
A lo lejos se intuye el rumor de tu risa
y es lo mejor que te puedes llevar a la boca
esta mañana de domingo.
No hay tubos con hielos
ni miel en los labios,
no hay gritos pre-púbers
ni guiris borrachas,
ni gente que traiga el cielo en bolsitas.
Ya nunca desayuno mirando tus ojos
y no nos maldice la vecina del quinto.
Mi piso despierta soñando tus besos,
descorre las cortinas y nunca te encuentra
y la desesperanza tiñe de gris este domingo
que empieza en mi baño.
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domingo, 21 de agosto de 2016
martes, 29 de diciembre de 2015
Diciembre febril
La palabra diciembre
se me atraganta en el nudo que tengo,
donde mi voz se conecta con la pasión.
No sé si son los mocos sólo
o la forma de vivir.
Quizás se me fue la mano
con la marcha
que mi creatividad exigía.
Nombrar el último mes de cada año
me trae demasiados sabores,
todos amargos y antinaturales.
Será que mi olfato se había agudizado demasiado,
que metía mucho artificio en el fuego
de mis venas.
Mi sangre cociéndose en excesos.
Decir diciembre me trae a los labios
besos envenenados,
picaduras hacia dentro.
Cobarde, idealista o noble.
Sus ojos pedían que le mordiera la boca
mientras sus huesos exigían frenada en seco.
Los caballeros hacemos pactos
sin manos,
mirándonos a la cara,
y ella lo sabe.
Ese último impulso que frenó mi psique
fue el penúltimo acto de amor que le regalé.
Y al final, el mundo no se acabó.
Pero el equilibrio sí era imposible,
ella me lo enseñó.
No pienso seguir escudándome
en cada ojos en que busco su mirada.
Tu mirada.
Laura...
jodido nombre.
Cuando la vi llegar pensaba que era otro plantón,
a esa edad fui un especialista en esperar a chicas.
Ella también se retrasó.
A mis 27 sigo esperando un autobús que nunca llega.
Pero aquel día la vi de lejos,
era una hora tarde y mis nervios afloraban.
Tomé aire y decidí abrir un poco más el margen.
Entonces Laura se acercó a ese balcón.
No fue lo único capulesco en
aquella relación.
El veneno aún recorre mi piel y
todavía me despierto temblando algunas noches
desde que no me escuchas,
desde que no haces como si duermes para que yo sí pueda hacerlo.
Este es el mes de las cartas sin remite,
pero la magia que vino del sur de mi periferia
se terminó.
Se nos secó el polvo de Hadas, Annie.
Y mi hígado se fue encharcando noche a noche.
Por eso, hoy, diciembre ata en mi campanilla
un nudo que solamente tus besos sabían
disolver.
Entonces navegaba a la deriva,
¿recuerdas Laura?
El mundo fue nuestro.
Hoy envío mensajes en las botellas que no rompo.
La mujer que me entendía sin tener que explicarme
ya no es capaz de descodificar mi S.O.S.
Prefiero pensar eso,
nunca me gustó cuando fuiste cobarde, aunque sobraran motivos.
Así que si lo recibes
brinda por un año mejor para mí.
Yo siempre lo hago por ti,
por los viajes pendientes,
por la vida que ha perdido su dulzura
y por la lluvia que se fue y de la que ya no sé nada.
lunes, 22 de junio de 2015
Fue de noche
Fue de noche, eso seguro
ibas radiante
el rincón más oscuro de la ciudad nos acogía.
Fue de noche porque hacía tiempo que no nos veíamos de
día.
Tu belleza me cegaba
ejercías, casi sin darte cuenta, ese poder de
atracción
que siempre tuviste sobre mí.
El desgarro de tu blusa inició la acción
tus labios, carnosos, me buscaban
tus ojos me pedían que te llevara a
ese lugar al que sólo mi sexo sabía transportarte.
Mi boca se deslizaba de tu lóbulo a tu cuello
y mis dedos emprendían el camino que les llevaba a
su escondite favorito.
El pasillo ya quedaba atrás,
la habitación era nuestro patio de juegos
una pasión repentina te hacía empujarme contra
la puerta del armario.
Yo te quitaba el sostén con dos dedos
y mis ojos, bizcos, se perdían en
tus pechos que
mi boca mordía.
La ropa molestaba,
el aire entraba por la ventana intentando,
en vano,
refrescar el caldeado ambiente.
Tus besos bajaban
poco a poco
hasta encontrar el camino que marcaba mi ombligo.
Mis dedos regresaban a la cueva
y desde ahí te hacían volar.
Tus gemidos en mi oído me hacían
enloquecer
y el deseo de galoparte era ya irrefrenable.
Entonces, el vaivén.
Entonces, más placer.
Entonces, derretidos, sentíamos que
este
era el
lugar del que nunca querríamos irnos.
viernes, 12 de junio de 2015
Me duele
Me duele.
Me duelen los ojos de llorarte,
me duele la retina de añorarte,
de buscarte en mis entrañas.
Me duelen los sentidos de buscar tu perfume,
tu sabor, tu piel, tus gemidos y el espejo de tus
ojos.
Me duele la cabeza de lo de anoche,
me duele el hígado desde tu ausencia.
Afónico de gritar tu nombre
y no hallar más que silencio,
distancia y frío.
Me duelen las noches de rabia,
las mañanas de melancolía y las tardes inútiles.
Me duele, también, culparte de mis males.
Me duele la mirada perdida,
el tiempo en un rincón,
el piso vacío, el fondo del pasillo.
Me duele esa canción de recordarme a ti.
Me duele la inmovilidad sentimental,
la parálisis,
agua pasada, agua estancada, agua de lluvia.
Me duele que se seque mi tinta,
que se ahogue mi luz.
Me duele,
me dueles.
miércoles, 13 de mayo de 2015
Quimet (segundo fragmento)
Esta noche hace demasiado calor para
ser mediados de octubre y Margalida, que acaba de cenar, está fregando los
pocos platos que usa a lo largo del día una persona que vive sola. En cuanto
acaba se seca las manos y se sienta en el sofá. Enciende un cigarrillo y
empieza a pensar en lo larga y cuesta arriba que se le está haciendo la vida
desde que la banda sonora de esta no se compone de las risas y ocurrencias de
su hijo. Antes, era feliz. Su marido le pegaba, la vida era una perra con ella
que trabajaba diez horas diarias limpiando portales. Pero era feliz. Tenía a su
lado al niño de sus ojos. El verdadero amor de su vida, un halo de luz que
iluminaba su angosto camino, una vara en la que apoyarse y lo único que le
aferraba a la vida.
Ahora Quimet ya no está aquí, hace
dos años que marchó huyendo de un infierno, en busca de su propia vía de
escape. Nunca podrá perdonarse haberse marchado dejando sola con un monstruo a
su madre. No había día en que no se arrepintiera de haberlo hecho.
domingo, 10 de mayo de 2015
Esta mañana de domingo
Me
sobra cama esta mañana de domingo
me
sobra el sol por la ventana
me
sobran remordimientos
me
sobra en la boca el sabor a whisky red bull
que
me trae cada respiración.
Me
faltas tú.
La
vuelta a casa es demasiado larga
demasiado
cuesta arriba
demasiado
de día
y
demasiado ruidosa.
Demasiado
sin ti.
Anoche
te busqué en otras miradas
en
muchas copas
en
alguna que otra boca
y
en un sucio burdel.
Hoy
rehúyo tu recuerdo
corro
sin sentido
me
pierdo en la ciudad
y
golpeo con mis puños el silencio inevitable.
Es
frío, es duro y de metal.
El
dolor se solidifica
el
orgullo se evapora
y
mi amor se desangra esta mañana de domingo.
jueves, 23 de abril de 2015
Quimet (primer fragmento)
Son las 6 de la mañana y el frío es
casi insoportable en Irún. Queda media hora para acabar su turno en la
gasolinera y Quimet se prepara un café para entrar en calor. El café de
gasolinera tiene otro sabor, ni mejor ni peor, simplemente distinto. En su
acelerada cabeza Quimet sueña con escapar de la rutina, traza planes
imposibles, dibuja mundos mejores.
El mundo va mucho más despacio que
su cabeza. Las ideas se amontonan y se pelean por salir de ella. La puerta es
muy pequeña y están todas intentando escapar, por lo que hay un importante
colapso en la mente de Quimet. El aire cada vez está más viciado y los
pensamientos ya no caben. Tan rápido como unos nacen, otros mueren asfixiados.
Quimet ha pensado muchas veces en volarse la tapa de los sesos y liberar todas
esas ideas.
Despierta jodido, pasa la tarde y
vuelve a la gasolinera. Horas muertas, esperando que pase algo. Alguna
muchacha, cuyos ojos verdes le pidan a gritos que escapen juntos de allí. Pero
nada, otra noche se sucede, otro café de gasolinera que ni siquiera se derrama,
otra mañana durmiendo, y otra tarde de tedio en una rueda que en su aburrido
girar sin sentido pero sí con dirección, avanzando uniformemente hacia la
destrucción, no encuentra ninguna piedra que la descarrile.
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