jueves, 23 de abril de 2015

Quimet (primer fragmento)

Son las 6 de la mañana y el frío es casi insoportable en Irún. Queda media hora para acabar su turno en la gasolinera y Quimet se prepara un café para entrar en calor. El café de gasolinera tiene otro sabor, ni mejor ni peor, simplemente distinto. En su acelerada cabeza Quimet sueña con escapar de la rutina, traza planes imposibles, dibuja mundos mejores.

El mundo va mucho más despacio que su cabeza. Las ideas se amontonan y se pelean por salir de ella. La puerta es muy pequeña y están todas intentando escapar, por lo que hay un importante colapso en la mente de Quimet. El aire cada vez está más viciado y los pensamientos ya no caben. Tan rápido como unos nacen, otros mueren asfixiados. Quimet ha pensado muchas veces en volarse la tapa de los sesos y liberar todas esas ideas.

Despierta jodido, pasa la tarde y vuelve a la gasolinera. Horas muertas, esperando que pase algo. Alguna muchacha, cuyos ojos verdes le pidan a gritos que escapen juntos de allí. Pero nada, otra noche se sucede, otro café de gasolinera que ni siquiera se derrama, otra mañana durmiendo, y otra tarde de tedio en una rueda que en su aburrido girar sin sentido pero sí con dirección, avanzando uniformemente hacia la destrucción, no encuentra ninguna piedra que la descarrile.

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