domingo, 21 de agosto de 2016

Domingo gris

La ciudad se despereza mientras recorro
sus venas abiertas,
va volviendo a la vida sin hacer mucho ruido,
los viejos pasean y se sientan en los bancos,
las palomas revolotean a su alrededor,
un cielo gris esconde su tesoro
y mis pasos pesados sostienen el ritmo,
tu ritmo.

A lo lejos se intuye el rumor de tu risa
y es lo mejor que te puedes llevar a la boca
esta mañana de domingo.
No hay tubos con hielos
ni miel en los labios,
no hay gritos pre-púbers
ni guiris borrachas,
ni gente que traiga el cielo en bolsitas.

Ya nunca desayuno mirando tus ojos
y no nos maldice la vecina del quinto.
Mi piso despierta soñando tus besos,
descorre las cortinas y nunca te encuentra
y la desesperanza tiñe de gris este domingo
que empieza en mi baño.

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