La palabra diciembre
se me atraganta en el nudo que tengo,
donde mi voz se conecta con la pasión.
No sé si son los mocos sólo
o la forma de vivir.
Quizás se me fue la mano
con la marcha
que mi creatividad exigía.
Nombrar el último mes de cada año
me trae demasiados sabores,
todos amargos y antinaturales.
Será que mi olfato se había agudizado demasiado,
que metía mucho artificio en el fuego
de mis venas.
Mi sangre cociéndose en excesos.
Decir diciembre me trae a los labios
besos envenenados,
picaduras hacia dentro.
Cobarde, idealista o noble.
Sus ojos pedían que le mordiera la boca
mientras sus huesos exigían frenada en seco.
Los caballeros hacemos pactos
sin manos,
mirándonos a la cara,
y ella lo sabe.
Ese último impulso que frenó mi psique
fue el penúltimo acto de amor que le regalé.
Y al final, el mundo no se acabó.
Pero el equilibrio sí era imposible,
ella me lo enseñó.
No pienso seguir escudándome
en cada ojos en que busco su mirada.
Tu mirada.
Laura...
jodido nombre.
Cuando la vi llegar pensaba que era otro plantón,
a esa edad fui un especialista en esperar a chicas.
Ella también se retrasó.
A mis 27 sigo esperando un autobús que nunca llega.
Pero aquel día la vi de lejos,
era una hora tarde y mis nervios afloraban.
Tomé aire y decidí abrir un poco más el margen.
Entonces Laura se acercó a ese balcón.
No fue lo único capulesco en
aquella relación.
El veneno aún recorre mi piel y
todavía me despierto temblando algunas noches
desde que no me escuchas,
desde que no haces como si duermes para que yo sí pueda hacerlo.
Este es el mes de las cartas sin remite,
pero la magia que vino del sur de mi periferia
se terminó.
Se nos secó el polvo de Hadas, Annie.
Y mi hígado se fue encharcando noche a noche.
Por eso, hoy, diciembre ata en mi campanilla
un nudo que solamente tus besos sabían
disolver.
Entonces navegaba a la deriva,
¿recuerdas Laura?
El mundo fue nuestro.
Hoy envío mensajes en las botellas que no rompo.
La mujer que me entendía sin tener que explicarme
ya no es capaz de descodificar mi S.O.S.
Prefiero pensar eso,
nunca me gustó cuando fuiste cobarde, aunque sobraran motivos.
Así que si lo recibes
brinda por un año mejor para mí.
Yo siempre lo hago por ti,
por los viajes pendientes,
por la vida que ha perdido su dulzura
y por la lluvia que se fue y de la que ya no sé nada.
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