miércoles, 11 de diciembre de 2019

La quietud

Añoro la quietud de las tardes en nuestra habitación después del ciclón,
añoro tu piel erizándose al paso de mis yemas,
mis dedos recorriendo tu piel hasta estremecerla
buscando el escalofrío en cada milímetro.

Tu voz aullando,
mi nunca desbocándose,
mi siempre derretido.

Y después, el desierto
corazones cadavéricos tiritando.
Arena, sangre, a veces sudor...
Y el vacío precipitándose en tus ojos llenos de pánico.

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