jueves, 31 de octubre de 2013

Fuimos el momento

Fuimos el momento que aún agrede mi alma
y hacíamos tan buena pareja tu y yo.

Mi vida, mi alma, mi sueño, mi mayor derrota
mi placer derramado gota a gota
mi sexo hambriento como nunca
mi escalofrío en la nuca
mi principio y mi final
mi historia más real
mi tristeza infinita, mi alegría caduca
la sonrisa perfecta, la luz de tus ojos
mi huída más quieta, mis tardes en el apartamento
jugando contigo a descubrir el mundo sin salir de la cama.

Una noche nos metimos en aquella diminuta cama
de la que nunca salí. Un día te levantaste y te fuiste
o quizás te eché yo.
Por las noches juego a imaginarme que estás en el baño y me duermo esperándote. Pero por la mañana nunca estás.
Nunca estás a mi lado.

Fuimos el momento que aún agrede mi alma
y hacíamos tan buena pareja tu y yo.

sábado, 26 de octubre de 2013

Sofía

Cuando dices su nombre tu voz se endulza inevitablemente.
Sofía susurras marcando las sílabas
y entonces
como si de un conjuro se tratara
la habitación se llena de magia,
las risas invaden la estancia,
las emociones se disparan
y la intensidad se adueña de la situación.

Como esa canción que te arrastra a la locura
como Annie Hall en el sofá una tarde de otoño
como ver amanecer en un festival en la playa
como el cálido abrazo de esa persona que tanto echas de menos
como desayunar(te) frente al mar
como el olor a tierra mojada
como una mirada de complicidad
como un día nublado en Camden Town
como brillar con luz propia
como poder dormir tranquila porque un ejército de dinosaurios protege tus sueños.

Cuando dices su nombre quizás tu voz se quiebra y tu piel se eriza
Sofía retumba en tus oídos
y entonces
te das cuenta
de lo prendado que te has quedado de su luz
y la magia de su risa.

sábado, 12 de octubre de 2013

Déjame beberme en tus labios la derrota

Déjame beberme en tus labios la derrota
que llevo en la piel,
que sabe a pasado,
que vivo en presente,
que habla de futuro que acaba en tragedia.

Déjame tiempo para dejar de darte motivos
para que me sigas odiando.

Déjame tragarme a bocados el aire que exhalas.

Convertir, sin dudar, el momento vivido
en arena que cae,
en sangre que brota entre absoluta indiferencia,
en miradas que apuñalan sin piedad desoyendo
los lamentos
de aquel que va a ser despojado de todo atisbo de esperanza.