lunes, 22 de junio de 2015

Fue de noche

Fue de noche, eso seguro
ibas radiante
el rincón más oscuro de la ciudad nos acogía.

Fue de noche porque hacía tiempo que no nos veíamos de día.
Tu belleza me cegaba
ejercías, casi sin darte cuenta, ese poder de atracción
que siempre tuviste sobre mí.

El desgarro de tu blusa inició la acción
tus labios, carnosos, me buscaban
tus ojos me pedían que te llevara a
ese lugar al que sólo mi sexo sabía transportarte.
Mi boca se deslizaba de tu lóbulo a tu cuello
y mis dedos emprendían el camino que les llevaba a
su escondite favorito.

El pasillo ya quedaba atrás,
la habitación era nuestro patio de juegos
una pasión repentina te hacía empujarme contra
la puerta del armario.
Yo te quitaba el sostén con dos dedos
y mis ojos, bizcos, se perdían en
 tus pechos que mi boca mordía.

La ropa molestaba,
el aire entraba por la ventana intentando,
en vano,
refrescar el caldeado ambiente.
Tus besos bajaban
poco a poco
hasta encontrar el camino que marcaba mi ombligo.
Mis dedos regresaban a la cueva
y desde ahí te hacían volar.
Tus gemidos en mi oído me hacían
enloquecer
y el deseo de galoparte era ya irrefrenable.

Entonces, el vaivén.
Entonces, más placer.
Entonces, derretidos, sentíamos que
este
era el lugar del que nunca querríamos irnos.

viernes, 12 de junio de 2015

Me duele

Me duele.
Me duelen los ojos de llorarte,
me duele la retina de añorarte,
de buscarte en mis entrañas.

Me duelen los sentidos de buscar tu perfume,
tu sabor, tu piel, tus gemidos y el espejo de tus ojos.

Me duele la cabeza de lo de anoche,
me duele el hígado desde tu ausencia.

Afónico de gritar tu nombre
y no hallar más que silencio,
distancia y frío.

Me duelen las noches de rabia,
las mañanas de melancolía y las tardes inútiles.

Me duele, también, culparte de mis males.
Me duele la mirada perdida,
el tiempo en un rincón,
el piso vacío, el fondo del pasillo.

Me duele esa canción de recordarme a ti.
Me duele la inmovilidad sentimental,
la parálisis,
agua pasada, agua estancada, agua de lluvia.

Me duele que se seque mi tinta,
que se ahogue mi luz.

Me duele,
me dueles.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Quimet (segundo fragmento)

Esta noche hace demasiado calor para ser mediados de octubre y Margalida, que acaba de cenar, está fregando los pocos platos que usa a lo largo del día una persona que vive sola. En cuanto acaba se seca las manos y se sienta en el sofá. Enciende un cigarrillo y empieza a pensar en lo larga y cuesta arriba que se le está haciendo la vida desde que la banda sonora de esta no se compone de las risas y ocurrencias de su hijo. Antes, era feliz. Su marido le pegaba, la vida era una perra con ella que trabajaba diez horas diarias limpiando portales. Pero era feliz. Tenía a su lado al niño de sus ojos. El verdadero amor de su vida, un halo de luz que iluminaba su angosto camino, una vara en la que apoyarse y lo único que le aferraba a la vida.


Ahora Quimet ya no está aquí, hace dos años que marchó huyendo de un infierno, en busca de su propia vía de escape. Nunca podrá perdonarse haberse marchado dejando sola con un monstruo a su madre. No había día en que no se arrepintiera de haberlo hecho. 

domingo, 10 de mayo de 2015

Esta mañana de domingo

Me sobra cama esta mañana de domingo
me sobra el sol por la ventana
me sobran remordimientos
me sobra en la boca el sabor a whisky red bull
que me trae cada respiración.

Me faltas tú.

La vuelta a casa es demasiado larga
demasiado cuesta arriba
demasiado de día
y demasiado ruidosa.

Demasiado sin ti.

Anoche te busqué en otras miradas
en muchas copas
en alguna que otra boca
y en un sucio burdel.

Hoy rehúyo tu recuerdo
corro sin sentido
me pierdo en la ciudad
y golpeo con mis puños el silencio inevitable.

Es frío, es duro y de metal.
El dolor se solidifica
el orgullo se evapora
y mi amor se desangra esta mañana de domingo.

jueves, 23 de abril de 2015

Quimet (primer fragmento)

Son las 6 de la mañana y el frío es casi insoportable en Irún. Queda media hora para acabar su turno en la gasolinera y Quimet se prepara un café para entrar en calor. El café de gasolinera tiene otro sabor, ni mejor ni peor, simplemente distinto. En su acelerada cabeza Quimet sueña con escapar de la rutina, traza planes imposibles, dibuja mundos mejores.

El mundo va mucho más despacio que su cabeza. Las ideas se amontonan y se pelean por salir de ella. La puerta es muy pequeña y están todas intentando escapar, por lo que hay un importante colapso en la mente de Quimet. El aire cada vez está más viciado y los pensamientos ya no caben. Tan rápido como unos nacen, otros mueren asfixiados. Quimet ha pensado muchas veces en volarse la tapa de los sesos y liberar todas esas ideas.

Despierta jodido, pasa la tarde y vuelve a la gasolinera. Horas muertas, esperando que pase algo. Alguna muchacha, cuyos ojos verdes le pidan a gritos que escapen juntos de allí. Pero nada, otra noche se sucede, otro café de gasolinera que ni siquiera se derrama, otra mañana durmiendo, y otra tarde de tedio en una rueda que en su aburrido girar sin sentido pero sí con dirección, avanzando uniformemente hacia la destrucción, no encuentra ninguna piedra que la descarrile.

lunes, 20 de abril de 2015

La segunda vez

La segunda vez que me enamoré de ti por vez primera no dudé
mis manos fueron firmes
y mis palabras certeras.

La segunda vez que me enamoré de ti por vez primera fue una noche clara
íbamos borrachos y sonaban los piratas
me dijiste: "vamos a tu casa" y volví a palpar un amanecer.

La segunda vez que me enamoré de ti por vez primera gané
porque ya estaba harto de perder y de perderte
de rendirme y de intentar, en vano, olvidar tus ojos,
tu sonrisa, el lenguaje que tu piel guardaba para mis dedos.

La segunda vez que me enamoré de ti por vez primera lo hice a pesar de haber jurado mil veces no volver a hacerlo
pero que le den por culo a las promesas cobardes
que se joda el miedo
y que se vayan bien lejos las miserables dudas.

La segunda vez que me enamoré de ti por vez primera elegí vivir
mis ojos fueron tuyos
y tus manos fueron refugio para mis anhelos,
mi necesidad y mi deseo.

martes, 27 de enero de 2015

En mi piel

En mi piel llevo la marca eterna del fracaso
de sabernos inmóviles ante la noche y su oscuridad
de quedarnos sin ropa y sin palabras
indefensos ante la inmensidad.

Cansado
de que me mientas
que me mientas
y yo
que me mientas
no sé qué decir
y yo
que no sé qué decir...

Mejor déjalo correr
ven
o vete
lejos o a centímetros
da igual...

al menos podías disimular
decirme que sí
abrazarme por última vez
y yo no moriría de celos
de la noche que te lleva
estrella sin brillo.