miércoles, 27 de marzo de 2019

En cada esquina



Hay sitios que pertenecen a personas, aunque no tengan escrituras. Lugares por los que es imposible pasar sin recordar los momentos felices que en ellos pasamos. Fuimos tan dichosos y hoy estamos tan lejos que no puedo caminar sin enfermar, cada día un poco más, de nostalgia. Porque en mi barrio estás en cada esquina.

La terraza donde me enamoré de tu sonrisa.
El banco del parque donde te vi llorar por primera vez.
La parada del bus donde me hice mayor esperándote.
La tienda de mascotas que siempre querías mirar.
El garito donde las mistelas y las promesas.
El bar en el que cenamos en nuestra primera cita. Y en la última.
La cafetería donde echabas el azúcar en círculos para verlo hundirse en el cortado.
El baño público en que nos refugiamos el día en que el desayuno se nos fue de las manos.
Y mi piso.

El ascensor donde me buscaste el paquete por primera vez.
El eterno pasillo en el que te mordí el cuello la primera noche en que te invité a subir.
El sofá donde probé por primera vez tus tetas con sabor a bailey's con hielo.
La minúscula cama donde hacías como que dormías para que yo sí pudiera hacerlo.
El espejo en el que intenté atrapar tu juventud.
La almohada que beso cuando me doy cuenta de que no estás.

Tus lóbulos, mis pestañas.
Tus pechos, mi locura,
el hueco de tu ausencia.
Algunos besos que metí en un cajón,
un par de poemas a medias,
la puerta que nunca debí dejar que atravesaras,
el taxi al que tenía que haber pinchado las ruedas.

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