De vez en cuando lo logro,
me olvido
y no busco tus ojos.
En ocasiones lo consigo,
reúno fuerzas
y no siento al respirar el aroma de tu pelo.
A veces, incluso,
me río sin tu risa,
bebo sin tus labios,
duermo sin soñarte
y despierto sin odiarte.
Y entonces, cuando me creo más fuerte,
me atraviesas
como ese rayo de sol que tras mucho pelear
logra entrar por las rendijas que tu recuerdo dejó en mi
alma.
Aconteces.
No eres palabras, ni cenizas, ni recuerdos, ni sueños, ni
luz.
Y entonces te vi pasar.
Y entonces el derrumbe, la fe perdida y el frío.
Y entonces la desnudez, la indefensión.
Y entonces vencido, entregado, rendido, desarmado.
Y entonces carnal, sucio y salvaje.
Cavernosa descubrí la eternidad
y en silencio reposé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario