Déjame beberme en tus labios la derrota
que llevo en la piel,
que sabe a pasado,
que vivo en presente,
que habla de futuro que acaba en tragedia.
Déjame tiempo para dejar de darte motivos
para que me sigas odiando.
Déjame tragarme a bocados el aire que exhalas.
Convertir, sin dudar, el momento vivido
en arena que cae,
en sangre que brota entre absoluta indiferencia,
en miradas que apuñalan sin piedad desoyendo
los lamentos
de aquel que va a ser despojado de todo atisbo de esperanza.
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